Es una estupidez, sí.
Pero lo pensamos a diario para endurecer nuestro pene, y el tiempo, curiosamante, parece caminar hacia atrás. La evolución mental no existe para nosotros , los pervertidos.

La masturbación femenina nos parece irreal, y a veces, no importa que tengamos una buena mujer que con indignación ( y condescendencia) nos demuestre cuán realles son sus calentadas solitarias, o, algo más delicioso, cuando las descubrimos, sin que se den cuenta, con una video cámara oculta en algún rincón de la casa.

Es un mito, una sarta de historias fascinantes que provienen de países lejanos: Historias de lujuria y perversión: hermosos seres que pueden desarrollar, a pesar de la complejidad de sus cuerpos, estados intimos de descontrol y de absoluto sometimiento al placer. Es un ritual. Una ofrenda para los dioses- o demonios- que cautiva a los hombres morbosos.

¡Brindamos por la masturbación femenina!